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miércoles, 29 de mayo de 2013

El obrador

¿Quién no ha soñado alguna vez con ser otra persona?, a mí me hubiese gustado ejercer de cocinero por ejemplo, y disponer de un pequeño local con cuatro mesas para servir alimentos, y que la gente -desconocida por supuesto- decidiera reservar una mesa porque ya vino en otra ocasión. Así imagino mi sueño.

Hay que ser valiente -o irresponsable- para montar un negocio que aporte beneficios. Un país que va en picado no puede sostener el mercado actual, corren tiempos funerarios para invertir en quimeras. De todas formas, como soñar es gratis, no necesitas pedir créditos para ello ni te obliga a pensar en los malos momentos, resulta agradable imaginar:

- Local céntrico -bien-, 100 m2 -suficiente-, buena ventilación -importante-, planta baja -fundamental-, para restaurar -buen precio y posibilidad de hacer lo que quiera-, venta o alquiler.
- Inversión inicial: pongamos treinta mil euros como mucho. La mano de obra correría de mi cuenta.
- Aptitudes necesarias: pasión, servidumbre, esfuerzo, organización, constancia, investigación, y sobre todo buen ojo para conseguir alimentos de primera al mejor precio.
- Objetivos: tener contento al cliente manteniendo el negocio, lo cual implica estar al día con las cuentas, salarios, facturas, hacienda. En definitiva, hilar muy fino con los euros, que nadie lo note.
- Beneficios: como para mantener a una familia de clase media. Dedicación a tiempo completo.
- Diseño y planificación: lo tengo claro, ambiente rústico, cocina de la abuela, alimentos frescos, precios medios con pequeños regalos culinarios en compensación.

Pensándolo bien, hasta los sueños se ponen cabritos. Mucho hay que pelear en la vida real entonces.