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martes, 12 de agosto de 2014

Un sinfin de cosas

Por la mañana, cuando me levanto, procuro pensar en todo lo que voy a hacer ese día; al final siempre hago menos de lo planeado pero gracias a este método siempre estoy apurado. Me gustan las prisas, el contrarreloj, es como me siento más cómodo, me da la impresión de que así aprovecho una vida que nunca sabes hasta donde dura, y aunque muchas veces no me acuerde del pasado o mejor dicho de detalles ahí están los colegas de viviencias para refrescarte la memoria.

Este fin de semana que tiene una jornada más de disfrute me gustaría acercarme al país vecino a deportear, tomar el sol y dormir con el culo al aire; Portugal da el perfil de sobras para lo que busco pero desgraciadamente tengo compromisos en mi tierra que quizá no me permitan desplazarme, la verdad es que llevo comprometido con alguna causa los últimos dos meses. Hasta me está gustando haber acabado las vacaciones tan pronto, me está dando para estirar el verano y más allá a pesar de que en un futuro próximo se borren datos del disco duro.

Un consejo de alguien a quien no le gustan: sacar fotografías de todo sirve como acelerador de recuerdos, es el mejor medicamento que conozco para esta dolencia psíquica, ten a mano algún/a amigo/a dispuesto a ello.

martes, 5 de agosto de 2014

Cocina de autor

- Mira, con ese nombre tienen que poner algo rico, vamos a comer aquí que además tienen terraza.

* Esta entrada va dedicada a todos aquellos restaurantes en los que sus dueños deciden -cosas del marketing- identificar el mismo como que está por encima de la media, pudiendo catalogar su cocina como bistró, delicatessen, vanguardista, de diseño, gourmet, boutique, de autor...

De primero parrillada de verduras: tres rodajas de berenjena, media zanahoria, seis finas lonchas de calabacín, dos champiñones y medio tomate, todo ello a medio hacer y espolvoreado con perejil de congelador y una pizca de sal; aceite le echas tú que hay encima de la mesa.
De segundos, un entrecot de ternera con mucha grasa pasado con poca ilusión y un solomillo de pollo a la pimienta verde -así se llamaba el plato- que en realidad era una pechuga cruda y una salsa cortada inundada de bolitas que si llega a estar un poco más oscura parecería un ferrero rocher pasado por el micro.
Dos cocacolas, pasamos de postres. 52 pavos.

No sé si es que veo tanto programa de cocina que ya me he vuelto un sibarita, quizá soy bueno entre fogones o el precio influye; para mí que ninguna de las tres anteriores, una mierda de restaurante, dan ganas de poner el nombre y la ubicación, por si sirviera de algo; igual hasta si los etiqueto genero publicidad para mi blog. Buff, va en contra de la normativa de este sitio, se salvan por eso.