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martes, 27 de enero de 2015

Esto no es un programa de Calleja

Hoy quisiera contar una aventura que nos pasó este fin de semana, nada fuera de lo normal, cosas que pasan cuando no se conoce el medio...

...Cinco tíos digamos marineros salen de madrugada con la intención de pasar el día esquiando; tras poner los pies en la estación (245 Km después) comprueban que el estado de la nieve es perfecto, además, sol radiante, cielo totalmente despejado y viento nulo. Llegan a la hora de apertura, aparcan cerca de las taquillas y consiguen el forfait sin esperar una ya desesperante cola gracias a la pillería de uno de ellos, que buscó al principio de la misma a un tío con cara de tonto para ponerse justo delante, girar la cabeza hacia atrás, sonreirle astutamente, mirar de nuevo al frente, dar los buenos días al empleado de la taquilla y pedirle cinco pases de todo el día por favor.

Las primeras bajadas de la mañana sirvieron para enervar esos espíritus ya de por sí pendencieros, al mediodía bajaron por un fuera pistas hacia la cara este de la montaña que los alejaría del claro para adentrarlos en el bosque. El espesor de la nieve oscilaba entre cuarenta centímetros y un metro cuando la pendiente dejó de ir hacia abajo, la capa superficial estaba dura pero a poco que enterrabas la bota notabas como se hundía; el caminar se hizo pesado, a los quince minutos estaban desperdigados, fundidos y semiderrotados, mirándose unos a otros en la distancia a ver si alguno tenía alguna luz. Trescientos metros más arriba estaba la pista, la opción de volver por sus propios surcos les conduciría de nuevo a zona acotada pero prefirieron seguir adentrándose entre árboles hacia el este con idea de coger otra pendiente y remontar más abajo. Hora y media después encontraron un cortafuegos que les dió una idea de donde se encontraban; estaban exhaustos, machacados de caminar semienterrándose a cada tres pasos porque la base de los abetos no es una buena opción para pisar cuando está la nieve blanda, lo saben los serranos desde el origen de los tiempos.

Una colina de unos cien metros de longitud y un setenta por ciento de desnivel hacia arriba les impedía ver más allá, la otra idea era bordear la subida por una espesura paralela, los dos trazados minaban la moral: si escogian el camino corto, el de la rampa, se enfrentaban a un miura; si decidían seguir la ruta larga era más de lo mismo durante otra hora por lo menos. La idea de llamar a emergencias rondó por las cinco cabezas aunque nadie dijo nada, por eso sacaron fuerzas de donde no había, dos tiraron para un lado y los otros tres para otro.

Dejo de lado los momentos duros porque esto no es un programa de Calleja, si estoy escribiendo estas cuatro letras es porque llegamos a enlazar con las pistas.

jueves, 15 de enero de 2015

A la noche termino (superlativos)

Tengo un ejemplo muy cercano de lo que significa echar una mano, aprendo mucho a su lado, es como una cura de humildad, una licenciatura en compromiso que ya me gustaría ser mejor estudiante para sacarle partido como se merece. No sé como agradecerle su presencia, tener ese don congénito hace poca cosa lo que le pueda ofrecer a cambio, tal vez alegría y bienestar que falta le hace (creo).

sábado, 3 de enero de 2015

WestZouid

El monte Vaals es el punto más alto de toda Holanda, sus 321 m sobre el nivel del mar no dejan duda de como es la orografía y porqué se le conoce con el nombre de Países Bajos.

Es la segunda vez que vengo, la primera creo que fue en el 2009 y poco ha cambiado desde entonces, sigue teniendo el mismo encanto pero había olvidado lo llano y húmedo que es o la cantidad de plantaciones de tulipanes que hay a las afueras de los grandes núcleos.

Paso de hablar de lugares concretos, sitios que visitar y todo eso, esto no es una guía del viajero ni un blog de trotamundos, además, no aportaría nada nuevo sobre lo ya escrito por esta gente; soy más de comentar que lo que más me gusta es admirar la vida transcurrir, te aporta comprensión a la larga, sobre todo hacia los demás.

Mañana toca Bélgica, salida en el Intercity desde Amsterdam Centraal Station a primera hora de la mañana, parada en Amberes, parada en Gante, parada en Brujas y vuelta a la ciudad de la triple X rozando la madrugada. Por si a alguien le interesa ir, sale por sesenta euros el trayecto (ida y vuelta en segunda clase) si vas el fin de semana; utilizarlo los días laborales es como un quince por ciento más caro. Ojito con las transbordos que en algún caso hay que cambiar de andén y casi no hay tiempo.

viernes, 2 de enero de 2015

Olor a brujas y dos de oporto a tiro de los canales del Amstel

En media hora salimos, mira que no nos quede nada importante, ¿cogiste el dni?, ¿los móviles?, guarda los billetes en el bolsillo de atrás de la maleta así quedan a mano... ¿quieres un café?, ¿están las llaves en el coche?, apaga el ordenador.

Ya me río, pienso en idiomas, me imagino cientos de personas hablando cada cual en uno distinto, intentando comunicarme algo, y a mí de gilipollas, gesticulando y poniendo el acento de cada una de ellas pretendiendo que me entiendan. Es una pena no sacar tiempo para aprender otras lenguas si quieres salir un poco de casa, llegado el día me arrepiento de no poder llevar una conversación fluida con nadie a no ser que me hable como le hablarían a un sordo profundo. Ante estas carencias lingüísticas procuro imitar la fonética del nativo, camuflando con pronunciación el vacío de contenido; a veces funciona (pocas).

Bueno, lo voy a dejar aquí que salgo a dar una vuelta o je faire un tour según se mire.