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viernes, 11 de diciembre de 2020

Expoliadores de explanadas

Miraba hacia atrás cuando le ví, caminaba vigilante -y descalzo- a través de un sendero extremadamente tupido, poco accesible, cuidándose más en parecer un nativo amazonense guiando a Francisco de Orellana a la búsqueda del inexpugnable tesoro indígena que lo que era en realidad, un fantasma. A su espalda, un pardillo.

- Sígueme por favor -ahora me recordaba a Sméagol-, está justo detrás del carballo. Falta nada.

Observando la cara de expectación del cliente ya le mereció la pena pagarle los 45€/hora de excepcional clase privada, hay que engalanar el exclusivo producto aunque éste sean gamusinos de un falso bosque primitivo. Hay que valer para ello.