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jueves, 23 de abril de 2020

Lo que todavía puede esperar

Me pregunta la gente que cómo soy capaz de aguantar sin hacer deporte, un tío como yo, tan volcado -como muchos/as- en las tareas del mantenimiento de cuerpo y mente.

Sinceramente que no lo echo demasiado en falta, añoro más otras cosas:

- Principalmente a la familia, como siempre los tengo ahí nunca me había planteado no poder contar con ellos. Sobre todo a mi madre, que vive sola, mujer espartana y abnegada por naturaleza, siempre afrontando todo con la mejor de las sonrisas, aunque supongo que interiormente no le resultará tan sencillo como aparenta.

- Sociabilizar. Tomar unas cañas con los colegas, decir te quiero primero para abrazar sin miedo después. Rozar, cruzarme con la gente sin tener que mantener los dos metros de distancia.

- Viajar, vagar sin rumbo, pasar fronteras, observar como la vida circula.

- Los veinte - diez- minutos de charla en la mesa del café, compartida con mis compañeros del trabajo, olvidándome de las barreras de seguridad protocolaria. Poder seguir viéndonos. 

- El entorno; el bosque, las playas, la soledad premeditada, también el bullicio en la ciudad, las aglomeraciones, salir de casa los días de tormenta, la espuma marina acariciando mi cara, tragar agua iodada. Arrancar con los perros a pasear a donde nos dé la gana. 

- Libertad y democracia. Intercambiar opiniones cara a cara, sin aplicaciones de por medio.

- Ir al cine, a un concierto, o a un festival de cualquier actividad de mis sobrinos. Que dejen de poner Resistiré en la radio.