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lunes, 11 de junio de 2012

Historias de igualdad

Un servidor, que se ha criado con una hermana de prácticamente la misma edad bajo la tutela de unos padres afortunadamente modernos, tuvo las herramientas necesarias para concederle el valor que se merece a la palabra Libertad. Otra cosa es que las haya utilizado convenientemente, pero ahí estaban. Una de las máximas es que hay que dejar a la gente ser ella misma sin presión, extorsión ni intimidación; uno de los defectos es que muchos de ellos/as no tienen voz propia y necesitan de alguien que los guíe, les/as aconseje, los encauce.

Esta introducción indeseadamente moralista viene a cuento porque a veces se confunden los términos, lo que para unos/as significa sumisión para otros/as es acercar puntos de vista, y ante esta falta de claridad en las definiciones más vale partir de un acuerdo que guerrear toda la vida. Bajo mi humilde punto de vista hombres y mujeres no pueden desempeñar las mismas tareas -habrá excepciones- porque las cualidades no son las mismas. Entender esto como una desigualdad me rompe los esquemas, al igual que lo hace cuando el marido manda a su mujer que le planche la ropa o ésta le exige que pinte las paredes de la salita sin existir un previo acuerdo de por medio.

Hay mujeres que confunden hembrismo con feminismo, que según Wikipedia es un conjunto heterogéneo de ideologías y de movimientos políticos, culturales y económicos que tienen como objetivo la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, intentan construir radicalizando todo lo que han conseguido. Entiendo que han sufrido mucho pero mirar al pasado para lograr objetivos no hace más que alimentar un futuro odio, más aún cuando muchos de nosotros ya tenemos claro de que pie cojeamos cada género.

P.D.- Del machismo no hablo porque está ahí, a la vuelta de cualquier esquina.