Buscar

miércoles, 27 de octubre de 2010

Bartolo, pepe y lola

Mi ahijado, cuando le toca la hora del baño, se mete en su bañera con dos huevos de gallina, que le sirven de cápsulas submarinas y a saber que imagina él que tiene sumergido ahí. El caso es que estaba bañándolo mi hermana cuando llegué a su casa. Su padrino, que es más trasto que el propio niño, le rompió los huevos, de manera fortuíta, intentando hacer malabares. El pequeño puso cara de compungido. Le prometí que mañana le llevaría otros dos huevos, además se los pintaría. Acordamos entre él y yo que serían un león y un koala.

Cuando llegué a mi casa puse a cocer dos, los dejé demasiado tiempo y rompieron la cáscara así que me dispuse a poner otros dos aunque no llegué a hacerlo porque tenía otras tareas pendientes. Lo dejé para otro día.

Como me sentía un poco mal por no poder cumplir con la promesa de llevárselos pintados pensé en regalarle una pecera con unos pececillos de agua fría tipo subunkin de estanque. No me atraía la idea de comprar una de esas redondas que parecen tulipas porque, aunque seguramente después de dar una vuelta, el pez ya no se acordará de la anterior, me dan la impresión de estresar al animal. Al final llevé una con forma rectangular de más capacidad, unas plantitas, grava, medio barco pirata y tres pescaos.

El niño, que tiene una conciencia bastante desarrollada para el tema animal, me ayudó a montar los artilugios porque quería sacar a los animales lo más rápido posible de la bolsa de transporte, que allí se iban ahogar con tan poca agua. Me preguntó como se llamaban y si eran familia. Le dije sus nombres -anduve rápido de reflejos- y su grado de parentesco. No me dí cuenta en ese momento de que su madre -mi hermana- está nuevamente embarazada, que va a tener un hermano/a y le dije que los bichos eran una pareja y su padre.

Mañana compraré otro pez, rectificaré la unidad familiar, le diré que son los padres y dos hermanos porque no tengo claro que el niño quiera compartir vida con lo que va a traer al mundo su madre. Representar en el acuario una alegoría de su vida puede resultar positivo. Esperemos que la pecera no sufra ninguna baja porque a ver que le cuento después al niño.